viernes, 27 de mayo de 2016

CLIMA DE URUGUAY

 CLIMA DE URUGUAY

En primer lugar, vuelvese necesario distinguir dos conceptos que son usualmente mal utilizados y confundidos por la sociedad. Es para ello que a continuación presentamos la definición de los términos que queremos discriminar, los que son: Clima, y Tiempo Atmosférico.
 El tiempo atmosférico, es el estado medio de la baja atmósfera en un lugar y tiempo determinados. Por esto, varía rapidamente y para su observación se utilizan las mediciones de temperatura, precipitaciones, presión atmosférica y vientos, principalmente.
 El Clima, por su parte, es el estudio de los estados del tiempo en un lapso no menor a 30 años, es decir es el estado promedio, el comportamiento promedio, de la atmósfera por un plazo mayor de treinta años.
  El Clima se determina por una serie de factores mucho menos variantes que los mencionados para el Tiempo Atmosférico.
  El primer factor, es la latitud. Uruguay, que se ubica entre los 30º y 35º latitud Sur, esto significa entonces que se ubica en la Zona de Insolación Templada (zona de insolación que se extiende desde cada uno de los Trópicos al Circulo Glacial de su Hemisferio)
 El siguiente factor, es el factor Anticiclones. Los anticiclones son centros de altas presiones semi-permanentes situados, en el caso de nuestro país, en el Océano Atlántico y en el Océano Pacífico. El anticiclón del Pacífico trae aire polar por medio de los vientos que soplan desde el Sur y Suroeste de nuestro territorio; mientras el anticiclón del Atlántico, aporta aire de origen tropical a través de los vientos del Noreste y Este.
















 Otro de los factores que determinan el clima de un territorio son las masas de aire. Sobre nuestro país inciden de forma periódica y alterada  las masas de aire tropical y polar. Las primeras se forman sobre el territorio paraguayo-brasileño y en el Océano Atlántico; aportan a nuestro país altas temperaturas y variados porcentajes de humedad. Las masas de aire polar se originan en el Océano Pacífico Sur al oeste de Chile y sobre el Atlántico austral; se caracteriza por la presencia de bajas temperaturas y bajos índices de humedad (dependiendo de si su trayectoria es marítima o continental. Con respecto a este punto, es necesario hacer la siguiente comentario, en el Uruguay con un relieve bajo estas masas de aire no encuentran obstáculo y circulan libremente sobre el territorio a diferencia de lo que sucede, entre otros casos, en Chile.
 El siguiente factor son las Corrientes Marinas. Las corrientes marinas actúan como reguladores térmicos, puesto que se encargan de transportar agua "fría" a las zonas cálidas, y agua cálida a las zonas frías. En el caso de nuestro país, a las costas uruguayas, llegan la corriente cálida proveniente de Brasil y la corriente fría de las Malvinas; ambas corrientes configuran no sólo una influencia térmica sino también de humedad para las masas de aire que circulan sobre ellas. La conjunción de estas corrientes denera una gran riqueza ictícola (pesquera) ya que la fría arrastra y levanta todo el alimento (planton) que se deposito en las zonas profundas del Océano y la cálida atrae a los peces quienes se ven favorecidos por esta abundancia de alimento.

Por todo lo anterior se puede concluir que:

La situación en latitud, la circulación de la atmósfera y la influencia marítima determinan la existencia de un único clima templado húmedo, con precipitaciones en las cuatro estaciones, pero con mayores promedios en las estaciones intermedias (otoño y primavera), en todo el país.
La temperatura media anual es moderada, 17,5 ºC, pero las variaciones extremas son muy amplias.
Esta modalidad climática reconoce ligeras variantes en el territorio (especialmente Norte - Sur) en el que se verifica la influencia marítima de la zona sur.
Nuestro clima, la baja altitud y disposición del relieve, posibilita el desarrollo del bioma de pradera. Los principales recursos bióticos son aprovechados económicamente para las actividades agropecuarias.
El clima es un recurso natural con el que cuenta el país, y debe ser utilizado adecuadamente por parte de la sociedad. Es necesario conocer su "comportamiento" para poder aprovechar sus beneficios y también para limitar o atenuar sus efectos más perjudiciales.
Múltiples son las actividades desarrolladas por la sociedad -productivas, recreativas, de investigación, etcétera- que requieren un adecuado conocimiento del clima y un atento seguimiento de las oscilaciones del tiempo atmosférico.
En resumen, si analizamos el valor medio y las variaciones que asumen los principales parámetros meteorológicos en el territorio nacional, se reconoce una sola modalidad climática. Según el criterio de clasificación de A. Strahler, se define como templado subtropical húmedo. (Santillana).

lunes, 23 de mayo de 2016

Rodríguez
Como aquella luna había puesto todo igual, igual que de día, ya desde el medio
del Paso, con el agua al estribo, lo vio Rodríguez hecho estatua entre los sauces
de la barranca opuesta. Sin dejar de avanzar, bajo el poncho la mano en la
pistola por cualquier evento, él le fue observando la negra cabalgadura, el
respectivo poncho más que colorado. Al pisar tierra firme e iniciar el trote, el
otro, que desplegó una sonrisa, taloneó, se puso también en movimiento.., y se
le apareó.Desmirriado era el desconocido y muy, muy alto. La barba aguda, renegrida. A
los costados de la cara, retorcidos esmeradísimamente, largos mostachos le
sobresalían.
A Rodríguez le chocó aquel no darse cuenta el hombre de que, con lo flaco que estaba y lo entecado del semblante, tamaña atención a los bigotes no le sentaba.
- ¿Va para aquellos lados, mozo?
- le llegó con melosidad.
Con el agregado de semejante acento, no precisó más Rodríguez para retirar lamano de la culata. Y ya sin el menor interés por saber quién era el importuno, lo dejó, nomás, formarle yunta y siguió su avance a través de la gran claridad, lavista entre las orejas de su zaino, fija.
-¡Lo que son las cosas, parece mentira!... ¡Te vi caer al paso, mirá... y simpaticé enseguida!
Le clavó un ojo Rodríguez, incomodado porel tuteo, al tiempo que einterlocutor le lanzaba, también al sesgo, una mirada que era un cuchillo de punta, pero que se contrajo al hallar la del otro y, de golpe, quedó cual la del
cordero.
-Por eso, por eso, por ser vos, es que me voy al grano, derecho
. ¿Te gusta la mujer?... Decí, Rodríguez, ¿te gusta?
Brusco escozor le hizo componer el pecho a Rodríguez, mas se quedó sin respuesta el indiscreto. Y como la desazón le removió su fastidio, Rodríguez volvió a carraspear, esta vez con mayor dureza. Tanto que, inclinándose a unlado del zaino, escupió.
-Alegrate, alegrate mucho, Rodríguez -seguía el ofertante mientras, en el mejor de los mundos, se atusaba, sin tocarse la cara, una guía del bigote
-. Te puedo poner a tus pies a la mujer de tus deseos. ¿Te gusta el oro?... Agenciate latas, Rodríguez, y botijos, y te los lleno toditos. ¿Te gusta el poder, que también es lindo? Al momento, sin apearte del zaino, quedarás hecho comisario o jefe político o coronel. General, no, Rodríguez, porque esos puestos los tengo reservados. Pero de ahí para abajo... no tenés más que elegir. 
Muy fastidiado por el parloteo, seguía mudo, siempre, siempre sosteniendo la mirada hacia adelante, Rodríguez.
- Mirá, vos no precisás más que abrir la boca...
-¡Pucha que tiene poderes, usted!-fue a decir, Rodríguez; pero se contuvo para ver si, a silencio, aburría al cargoso. Este, que un momento aguardó tan siquiera una palabra, sintióse invadido como por el estupor. Se acariciaba la barba; de reojo miró dos o tres veces al otro... Después, su cabeza se abatió sobre elpecho, pensando con intensidad. Y pareció que se le había tapado la boca. Asimismo bajo la ancha blancura, ¡qué silencio, ahora, al paso de los jinetes y de sus sombras tan nítidas! De golpe pareció que todo lo capaz de turbarlo había fugado lejos, cada cual con su ruido.A las cuadras, la mano de Rodríguez asomó por el costado del poncho contabaquera y con chala. Sin abandonar el trote se puso a liar. Entonces, enbrusca resolución, el de los bigotes rozó con la espuela a su oscuro, que casi se dio contra unos espinillos. Separado un poco así, pero manteniendo la marcha a fin de no quedarse atrás, fue que dijo:
-¿Dudás, Rodríguez? ¡Fijate, en mi negro viejo!Y siguió cabalgando en un tordillo como leche. Seguro de que, ahora sí, había pasmado a Rodríguez y, noqueriendo darle tiempo a reaccionar, sacó de entre los pliegues del poncho el largo brazo puro hueso, sin espinarse, manoteó una rama de tala y señaló,soberbio:-¡Mirá! -La rama se hizo víbora, se debatió brillando en la noche al querer librarse de la tan flaca mano que la oprimía por el medio y, cuando con altanería el forastero la arrojó lejos, ella se perdió a los silbidos entre los pastos. Registrábase Rodríguez en procura de su yesquero. Al acompañante, sorprendido del propósito, fulguraron los ojos. Pero apeló al poco de calma que le quedaba, se adelantó a la intención y, dijo con forzada solicitud, otra vez muy montado en el oscuro:-¡No te molestés! ¡Servite fuego, Rodríguez! Frotó la yema del índice con la del dedo gordo. Al punto una azulada llamita brotó entre ellos. Corrióla entonces hacia la uña del pulgar y, así, allí paradita, la presentó como en palmatoria. Ya el cigarro en la boca, al fuego la acercóRodríguez inclinando la cabeza, y aspiró.- ¿Y?... ¿Qué me decís, ahora?-Esas son pruebas-murmuró entre la amplia humada Rodríguez, siempre
pensando  qué hacer para sacarse de encima al pegajoso. Sobre el ánimo del jinete del oscuro la expresión fue un baldazo de agua fría. Cuando consiguió recobrarse, pudo seguir, con creciente ahínco, la mente
hecha un volcán.
-¿Ah, sí? ¿Con que pruebas, no? ¿Y esto?
Ahora miró de lleno Rodríguez, y afirmó en las riendas al zaino, temeroso de
que se le abrieran de una cornada. Porque el importuno andaba a los corcovos en un toro cimarrón, presentado con tanto fuego en los ojos que milagro parecía no le estuviera ya echando humo el cuero.
-¿Y esto otro? ¡Mirá qué aletas, Rodríguez!-se prolongó, casi hecho imploración, en la noche.
Ya no era toro lo que montaba el seductor, era bagre. Sujetándolo delos bigotes un instante, y espoleándolo asimismohasta hacerlo bufar, su jinete lo lanzó como luz a dar vueltas en torno a Rodríguez. Pero Rodríguez seguía trotando. Pescado, por grande que fuera, no tenía peligro para el zainito.
-Hablame, Rodríguez, ¿y esto?... ¡por favor, fijate bien!... ¿Eh?... ¡Fijate!
-¿Eso? Mágica, eso.
Con su jinete abrazándole la cabeza para no desplomarse del brusco sofrenazo,el bagre quedó clavado de cola.
-¡Te vas a la puta que te parió!
Y mientras el zainito
-hasta donde no llegó la exclamación por haber surgido entre un ahogo
-seguía muy campante bajo la blanca, tan blanca luna tomando distancia, el otra vez oscuro, al sentir  nterrársele las espuelas, giró en dos patas enseñando los dientes, para volver a apostar a su jinete entre
los sauces del Paso.

análisis de " Rodríguez" de Francisco Espinola

Antecedentes: fue realizado en 1957 o 1958, y publicado por primera vez en la revista “Asir”. Fue muy admirado por la crítica de la época, cuyo asunto resulta absolutamente original en nuestro panorama literario.
“Rodríguez” fue incluido posteriormente en “Raza ciega”. Pretendía iniciar una serie de relatos sobre el diablo, extraídos de la transmisión oral de nuestra campaña.

Caracterización general: Es una narración breve, de asunto ficticio que objetiva la solución de un conflicto tomado cerca de su desenlace.
El cuento refiere al encuentro de un paisano con un diablo que, después de intentar infructuosamente incitarlo al deseo de posesión con ofertas seductoras, o de impresionarlo al menos con las demostraciones del poder taumatúrgico que despliega, pierde la compostura y, evidenciando la desesperación del fracaso, estalla en un insulto vulgar.
Este es el asunto, que plantea el enigma del fracaso del diablo frente a un oponente presumiblemente desconocedor de estrategias artificiosas compatibles con el arsenal de seducciones satánicas.
De ello resulta un problema: debemos interpretar por qué puede más el hombre simple que el que transporta un equipaje de tentaciones probadas en la experiencia de haber hecho caer antes a muchos candidatos desprevenidos.

Tema: El tema principal es el enfrentamiento de dos fuerzas antagónicas: la fuerza del mal, representada por el diablo, y la fuerza del bien, encarnada por Rodríguez, un hombre simple de campaña cuya dimensión humana lo vuelve universal.

Título: Epónimo. El título del cuento hace referencia al protagonista humano. Es un nombre común a tantos uruguayos. Es una forma de destacar el carácter genérico del personaje central. Rodríguez es como “Juan Pérez”, uno que no se diferencia en nada de los otros habitantes del campo; alguien sin pautas extraordinarias que podría ser López o Gómez; un hombre más, uno más. Priva al personaje de individualidad.
Frente a un ser sobrenatural no cabe más que anteponer un ser bien natural, ordinario, fiel representante de la limitada pero por momentos grande humanidad.

Estructura interna: Se divide en tres momentos:

1) Situación inicial, ubicación de tiempo, de lugar, presentación de los personajes y planteo del encuentro.
2) Las ofertas del desconocido a Rodríguez.
3) Prodigios. Muestra de poder y desenlace.


Primer momento: Situación inicial.

“Como aquella luna había puesto todo igual, igual que de día, ya desde el medio del Paso, con el agua al estribo, lo vio Rodríguez hecho estatua entre los sauces de la barranca opuesta.”
El cuento comienza con una oración que atrapa de inmediato nuestro interés.
La acción transcurre en un mundo irreal. Es de noche y de día, a la vez, por la luz. La luna ilumina todo con tal intensidad que lo vuelve fantástico. La luna y la noche constituyen elementos del paisajista romántico que hay en Espínola. Lo primero crea un maravilloso cuadro, una naturaleza real y espectral, simultáneamente. El ambiente es el propicio para el encuentro, ambiente común en historias de aventuras siniestras o fantásticas.
La ubicación de Rodríguez y el otro, ese desnivel topográfico en que están situados anticiparía simbólicamente la diferencia de códigos y de mundos, el mundo real y el sobrenatural. Las ubicaciones temporales y espaciales son vagas, indeterminadas. Sólo sabemos que es de noche en algún paso de nuestra campaña, nada más. La repetición del vocablo “igual” (anáfora) torna la narración casi coloquial, como en confianza.
Todavía no sabemos que vio Rodríguez pero ya conocemos que está inmóvil (“hecho estatua”, metáfora popular). El suspenso crece.
La expresión “Ya en el medio del Paso”, nos da la sensación de agarrar el cuento empezado, otorga dinamismo al relato, es una bisagra entre un antes y un después.
La sintaxis es la coloquial, expresiva de un deseo de narrar espontáneamente. Este lenguaje tan familiar nos quiere dar proximidad al cuento.

“Sin dejar de avanzar, bajo el poncho la mano en la pistola por cualquier evento, él le fue observando la negra cabalgadura, el respectivo poncho más que colorado. Al pisar tierra firme e iniciar el trote, el otro, que desplegó una sonrisa, taloneó, se puso también en movimiento... y se le apareó.

Vemos que Rodríguez es un ser despierto, alerta, que no se distrae. Con las precauciones del protagonista (“la mano en la pistola”) crece la tensión, así como con la primera imagen del otro: caballo negro (maldad y muerte) y “poncho más que colorado” (fuego), indicios ambos de su condición infernal. A través de los ojos de Rodríguez se nos dan ahora otros rasgos del otro. La cabalgadura negra, es sumamente significativa e impresionante a esa hora y viste poncho colorado.
La desconfianza de Rodríguez no le impide avanzar y el desconocido se le acerca. Todavía no lo reconocemos como tal, pero el diablo debe buscar al hombre para perderlo. El relato oscilará entre la tranquila indiferencia de Rodríguez, casi pasividad y la continua actividad, ascendente del diablo. Veremos a lo largo del cuento una constante antítesis entre ambas actitudes. Uno va a buscar y el otro no contesta; uno actúa y el otro deja de hacer. Uno de los papeles se invierte: el “hecho estatua” se moverá hasta la desesperación; el que venía cabalgando seguirá haciéndolo al mismo ritmo.
La sonrisa que despliega el otro sugiere que se siente dueño de la situación, de quién por fin, halló su presa. La sonrisa constituye el momento clave en el que el diablo se pone en su papel.
La pausa previa a “y se le apareó” subraya la sorpresa de Rodríguez ante lo inesperado de esa acción amistosa, en medio de un contexto que hacía temer todo lo contrario. Pero a pesar de que se le aparea físicamente, no logrará hacerlo espiritualmente.

Desmirriado era el desconocido y muy, muy alto. La barba aguda, renegrida. A los costados de la cara, retorcidos esmeradísimamente, largos mostachos le sobresalían.
A Rodríguez le chocó aquel no darse cuenta el hombre de que, con lo flaco que estaba y lo entecado del semblante, tamaña atención a los bigotes no le sentaba.

La descripción, con rasgos grafopéyicos atiende a lo esencial. Ahora sí, por la barba negra y los mostachos retorcidos, descubrimos al diablo. Pero es imposible tenerle miedo a un ser ridículo, un individuo que se preocupa tanto por sus mostachos no puede ser peligroso.
De Rodríguez no hay presentación alguna. No es necesaria tampoco, ya que lo iremos conociendo a través de su conducta y sus reacciones anímicas. El diablo si se describe porque es pura apariencia.
Se repite el superlativo “muy”, recurso intensificador y coloquial. Persigue también una finalidad musical, que veremos luego también con las expresiones: “por eso”, “alégrate”, “¿te gusta?”, “siempre” y “blanca”. La narración cobra un peculiar ritmo.

-¿Va para aquellos lados, mozo?- le llegó con melosidad.
Con el agregado de semejante acento, no precisó más Rodríguez para retirar la mano de la culata. Y ya sin el menor interés por saber quien era el importuno, lo dejó, no más, formarle yunta y siguió su avance a través de la gran claridad, la vista entre las orejas de su zaino, fija.”


La tensión se acaba por el tono meloso de su voz, que lo descalifica como posible peligro para Rodríguez. El lector se distiende ya cuando Rodríguez retira “la mano de la culata”
Rodríguez se siente muy tranquilo, ya no representa un peligro para él. Su actitud está apegada a la realidad, sigue su camino, sigue cabalgando indiferentemente, con la mirada fija, “entre las orejas de su zaino”, seguro de sí mismo.

-¡Lo que son las cosas, parece mentira!...¡Te ví caer al paso, mirá... y simpaticé en seguida! Le clavó el ojo a Rodríguez, incomodado por el tuteo, al tiempo que el interlocutor le lanzaba, también al sesgo, una mirada que era un cuchillo de punta, pero que se contrajo al hallar la del otro y, de golpe, quedó cual la del cordero.”

El diablo insiste en querer agradar a Rodríguez. La expresión “le clavó un ojo” es sumamente expresiva del campo. Otra metáfora, “cuchillo de punta” referida a los ojos del diablo. Hay un juego de miradas expresivas y sugerentes.
A partir de aquí se inicia el duelo entre los avances verbales del demonio y el mutismo del paisano, molesto por esa distracción innecesaria, que pretende sacarlo de sí mismo, de su equilibrio interior.

Segundo momento: LAS OFERTAS:

—Por eso, por eso, por ser vos, es que me voy al grano, derecho. ¿Te gusta la mujer?... Decí, Rodríguez, ¿te gusta?
Brusco escozor le hizo componer el pecho a Rodríguez, mas se quedó sin respuesta el indiscreto. Y como la desazón le removió su fastidio, Rodríguez volvió a carraspear, esta vez con mayor dureza. Tanto que, inclinándose a un lado del zaino, escupió.

El diablo realiza la primera oferta al hombre, y se trata de la mujer. No se trata de la mujer amada sino la que se gusta, “la mujer de tus deseos”. Es la fuente de lujuria, una incitación al pecado que Rodríguez descarta con un silencio.
El escozor proviene del descarado tratamiento de un tema íntimo y de descubrir que el otro conoce su nombre sin habérselo dicho. La escupida es signo de desprecio. La confianza le molesta mucho a su acompañante silencioso.
Ese trayecto que recorren ambos, significa un tramo en la vida del hombre donde éste se ve sometido a diversas pruebas. Si es puro corazón, las sorteará y continuará con la vista fija en algo trascendente que lo espera adelante, su objetivo. Todos tenemos un diablo esperándonos en un “paso”, en una etapa de nuestra existencia.

—Alégrate, alégrate mucho, Rodríguez —seguía el ofertante mientras, en el mejor de los mundos, se atusaba, sin tocarse la cara, una guía del bigote. —Te puedo poner a tus pies a la mujer de tus deseos. ¿Te gusta el oro?. . . Agénciate latas, Rodríguez, y botijos, y te los lleno toditos. ¿Te gusta el poder, que también es lindo? Al momento, sin apearte del zaino, quedarás hecho comisario o jefe político o coronel. General, no, Rodríguez, porque esos puestos los tengo reservados. Pero de ahí para abajo... no tenés más que elegir.
Muy fastidiado por el parloteo, seguía mudo, siempre, siempre sosteniendo la mirada hacia adelante, Rodríguez.

Se completa así la trilogía de ofertas. Ahora se trata de la ambición y el poder, pecados bíblicos. La ironía se vuelve comicidad y hasta hace una crítica cuando se refiere a la máxima jerarquía militar. Pertenecer a esa categoría es pecar inevitablemente, parece querer decir Espínola
Las tres ofertas se presentan en orden ascendente respecto a las jerarquías del mal.
Rodríguez habla poco y nada, mejor dicho, nada y poco.
Pero ese carácter callado de Rodríguez llega al colmo a continuación:

—Mirá, vos no precisás más que abrir la boca…
—¡Pucha que tiene poderes, usted —fue a decir Rodríguez; pero se contuvo para ver si, a silencio, aburría al cargoso.
Este, que un momento aguardó tan siquiera una palabra, sintióse invadido como por el estupor. Se acariciaba la barba; de reojo miró dos o tres veces al otro... Después, su cabeza se abatió sobre el pecho, pensando con intensidad. Y pareció que se le había tapado la boca.
Asimismo bajo la ancha blancura, ¡qué silencio, ahora, al paso de los jinetes y de sus sombras tan nítidas! De golpe pareció que todo lo capaz de turbarlo había fugado lejos, cada cual con su ruido.

El silencio y la blancura se apoderan de esta escena. Retorna esa atmósfera de impalpable silencio del comienzo. La “ancha blancura” es una proyección del alma grande y luminosa de Rodríguez.

A las cuadras, la mano de Rodríguez asomó por el costado del poncho con tabaquera y con chala. Sin abandonar el trote se puso a liar.
Entonces, en brusca resolución, el de los bigotes rozó con la espuela a su oscuro, que casi se dio contra unos espinillos. Separado un poco así, pero manteniendo la marcha a fin de no quedarse atrás, fue que dijo:

La calma de Rodríguez es una cachetada para su acompañante. El hecho de que casi se dé contra unos espinillos pauta su nerviosismo indisimulable, su descontrol.

Tercer momento: Los prodigios.

Es el momento de tensión máxima.
Consiste en cinco pruebas. Ahora Rodríguez debe reconocer el poder del diablo y asustarse o asombrarse ante el ejercicio de sus habilidades.
A la conversión de su “negro viejo” en “tordillo blanco como leche” sigue la transformación de una rama de tala en víbora; de su dedo pulgar en encendedor; de su cabalgadura en toro cimarrón y luego en bagre. Ninguna de estas pruebas logra inmutar a Rodríguez. Al toro cimarrón solo le teme por el daño que pueda causarle a su zaino, no por él mismo.
Algunas preguntas formuladas por el diablo son importantes:
“-¿Dudás, Rodríguez?”- lanzada antes de la primera prueba. Al parecer, inocente, pero alude a algo más profundo. Lo podríamos sustituir por ¿Dudás de mis poderes?. Otra interrogación esencial, después de la llamita en el pulgar: “-¿Y?...¿Qué me decís ahora?”
Después de los prodigios, la palabra de Rodríguez adquiere una gran importancia.
La respuesta del “hombre cualquiera” no puede ser más exacta, prudente y natural. “-Esas son pruebas”. Son pruebas como pueden ser las del circo, acrobacias. Pero en un sentido profundo, son pruebas que debe pasar el hombre, donde deben elegir el bien o el mal. Rodríguez sale del paso con exactitud y precisión. Es la primera vez que habla y sintetiza todo lo ocurrido hasta el momento. Sólo con tres palabras.
Resulta singular que el diablo nunca sea nombrado directamente. El narrador prefiere eufemismos que caracterizan, sugieren, o muestran al ser sobrenatural desde la óptica de Rodríguez. “el otro”, “el desconocido”, “el hombre”, “el importuno”, “el interlocutor”, “el indiscreto”, “el ofertante”, “el cargoso”, “el de los bigotes”, “el forastero”, “el acompañante”, “el pegajoso”, “el jinete del oscuro”, “el seductor”. Se bordea al personaje infernal sin denominarlo.
Mientras Rodríguez se mantiene imperturbable, seguro de sus convicciones y su ausencia de vanidad, el estado de ánimo del diablo evoluciona. Pasa de una sonriente superioridad a un sentimiento de estupor, de éste a un abatimiento pensativo y finalmente a una frenética actividad.
La primera respuesta de Rodríguez fue “un baldazo de agua fría” para él, y luego queda con “la mente hecha un volcán”. Estas metáforas son muy populares y expresivas. Muestran claramente el proceso interior del personaje. Además preparan su estallido final.
“¿Eso? Mágica, eso”. La adjetivación del sustantivo “magia”; el error gramatical aumentan la fuerza de la expresión. Hay una intención despectiva Le pone fin a la magia.
Rodríguez constata, no se deslumbra ni vende su alma. Ha ganado la partida. Y ante la seguridad inconmovible de Rodríguez, la respuesta rencorosa cae como una pera madura; por necesidad. “-¡Te vas a la puta que te parió!”
Apenas choca el insulto. El contexto lo justifica plenamente. Al salirse de tono, el diablo reconoce la derrota. Tan contenido antes, tan aguantador después explota como un ser humano. El insulto es una verdadera confesión de impotencia.


“Y mientras el zainito —hasta donde no llegó la exclamación por haber surgido entre un ahogo— seguía muy campante bajo la blanca, tan blanca luna tomando distancia, el otra vez oscuro, al sentir enterrársele las espuelas, giró en dos patas enseñando los dientes, para volver a apostar a su jinete entre los sauces del paso.”

Las cabalgaduras se identifican con rasgos de sus amos. El humilde zainito sigue su ruta sin sobresaltos, tranquilo. El oscuro, en cambio, muestra sus dientes, lleno de rabia.
Este final otorga una estructura cíclica al cuento. Vuelve a aparecer la luna y vuelve el jinete al Paso, como en la situación inicial.
Tiene un final abierto, capaz de recibir continuaciones.

jueves, 19 de mayo de 2016

literatura " la siesta del martes" Gabriel García Márquez

"La siesta del martes", de García Márquez

Gabriel García Márquez (Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927) es un escritor bien conocido. Novelista, cuentista y periodista, su obra se considera representativa del realismo mágico y del boom literario latinoamericano. Su novela más célebre es "Cien años de soledad" (1967) ambientada en la aldea imaginaria de Macondo, referenciada geográficamente a la población donde él ha nacido (Aracataca), ciudad y mundo ficticio con el que el lector encuentra en varios de sus relatos como en “La siesta del martes” (1962) que forma parte de las narraciones agrupadas bajo el título de “Los funerales de Mamá Grande” (1962).

Recibió el Premio Nobel en 1982 “porque sus novelas e historias cortas, en las que lo fantástico y lo real se combinan en un mundo ricamente compuesto de imaginación, reflejan la vida y los conflictos de un continente.” A lo largo de los últimos treinta años ha recibido, además, multitud de galardones, nominaciones y reconocimientos internacionales. Lleva publicados cerca de medio centenar de novelas, y decenas de cuentos, aparte de ensayos, obras teatrales y guiones cinematográficos.

Ha desarrollado un estilo peculiar sugestionado por chismes y leyendas que le contaba su abuela en la infancia, del mismo modo que muchos relatos suyos están inspirados en episodios de niñez, fabulados por su niñera o vividos por familiares. No es raro encontrar que sus personajes estén inspirados por figuras y recuerdos de sus familiares más cercanos, como padres o abuelos (“…No hay en mis novelas ni una sola línea que no esté basada en la realidad”).

“La siesta del martes”, relato breve de apenas diez páginas, es una de las narraciones cortas más reconocidas de García Márquez. Se dice (vaya usted a saber), que fue escrito a instancias de su amigo el escritor y diplomático Plinio Apuleyo Mendoza (Colombia, 1932) para participar en un concurso literario organizado por el periódico colombiano “El Nacional”. Curiosamente, en ese certamen no obtuvo ni una mención.



El relato, se inicia con la descripción de un viaje en tren, en un caluroso día, realizado por una madre envejecida a la que acompaña su hija de 12 años (que es la primera vez que viaja). Ocupan un solitario vagón sin hablar apenas entre ellas. Estaban acercándose al punto de destino. La mujer “que parecía demasiado vieja para ser su madre…”

“Tenía la serenidad escrupulosa de la gente acostumbrada a la pobreza”.

“Eran los únicos pasajeros en el escueto vagón de tercera clase […] Ambas guardaban un luto riguroso y pobre…”

Se prepararon para apearse cuando el tren comenzó a pitar, aminorando la marcha

“La mujer se secó el sudor del cuello y se limpió la grasa de la cara con los dedos… Por la ventanilla entraba un viento ardiente y seco… La niña envolvió las flores en los periódicos empapados de agua…"

–Si tienes algo que hacer hazlo ahora –dijo la mujer–. Después, aunque te estés muriendo de sed no tomes agua en ninguna parte. Sobre todo, no vayas a llorar.

La madre, autoritaria, daba órdenes breves, concisas, algunas de alcance: “...no tomes agua de ninguna parte. Y sobre todo no vayas a llorar” (Por qué? ¿Qué es lo que pasa y aún desconocemos?).

“…No había nadie en la estación […] Eran casi las dos. A esa hora, agobiado por el sopor el pueblo hacía la siesta. Los almacenes, las oficinas públicas, la escuela municipal, se cerraban desde las once y no volvían a abrirse hasta un poco antes de las cuatro, cuando pasaba el tren de regreso.”

El motivo del viaje –se nos revela–, era llevar un ramo de flores a la sepultura del hijo de la mujer y hermano de la niña, que había muerto unos días antes en Macondo. Cuando llegaron al pueblo fueron directamente a la casa parroquial. Recorrieron sus calles vacías abrasadas por el sol, para recoger las llaves del cementerio que estaban custodiadas por el cura.

Punto de vista. Narrador

El narrador, en tercera persona, cuenta lo sucedido cronológicamente, salvo el flash-back de la muerte del hijo de la mujer, que lo evoca cuando madre e hija están rellenando el impreso para la visita al cementerio.

–¿Qué tumba van a visitar?- preguntó el cura
– La de Carlos Centeno –dijo la mujer
–¿Quién?
–Carlos Centeno –repitió la mujer

El padre siguió sin entender

–Es el ladrón que mataron aquí la semana pasada. Yo soy su madre.

El narrador recostruye el suceso

Todo había empezado el lunes de la semana anterior, a las tres de la madrugada y a pocas cuadras de allí. La señora Rebeca, una viuda solitaria que vivía en una casa llena de cachivaches, sintió a través del rumor de la llovizna que alguien trataba de forzar desde afuera la puerta de la calle. Se levantó, buscó a tientas en el ropero un revolver arcaico que nadie había disparado desde los tiempos del coronel Aureliano Buendía…


Con el revólver en la mano la aterrorizada señora, a obscuras, se dirigió a la puerta y, sin abrir, apretó el gatillo apuntando a la cerradura. El hombre que apareció de madrugada caído en la acera delante de su puerta, con la nariz destrozada, era un desconocido.

–De manera que se llamaba Carlos Centeno –murmuró el padre cuando acabó de escribir

La mujer contestó cuando acabó de firmar

–Era un hombre muy bueno.

Luego, madre e hija se aprestaron a salir a pesar de los consejos del cura y de que ya el pueblo entero, conocedor de la visita, acechaba en las calles, a la sombra, en las ventanas. Con las llaves del cementerio en su poder, no quisieron esperar ni utilizar la puerta de atrás, ni aceptaron la sombrilla ofrecida.

–Gracias –replicó la mujer–. Así vamos bien.

Tomó a la niña de la mano y salió a la calle.

Espacio. Atmósfera

Los escenarios donde transcurre la acción determinan una atmósfera opresiva, de pobreza; densa, sofocante como el calor del mediodía. El vagón del tren, “se detuvo diez minutos en una estación sin pueblo, para abastecerse de agua”, el paisaje, el pueblo triste, el calor, sus calles solitarias, la siesta, la casa del cura, la gente esperando su aparición…

Título

El título del cuento, está lejos de sugerir el crudo contenido de esta pequeña historia. “La siesta del martes” ofrece el inclemente contraste de dos pequeños universos. Uno que sufre, que pasa calamidades extremas, que sabe de la desesperanza y otro que duerme y a la vez vigila cruelmente la rutina, alimentándose de los exiguos incidentes domésticos y de las desgracias ajenas, con la malsana curiosidad de los lugares aislados. Justo para hacer aflorar la humilde entereza de las dos protagonistas.

Estilo

García Márquez, uno de los creadores del “realismo mágico”, muestra lo irreal (mágico) y extraño como algo cotidiano. Su intención no es la de despertar emociones sino más bien expresarlas directamente ante una realidad inevitable. (Es el caso de la actitud y decisión de que hace gala la madre, por ejemplo). El lenguaje utilizado en este cuento es preciso, sencillo, donde nada falta ni sobra. Realista, verosímil, de musical sonoridad

“...el aire se hizo húmedo y no se volvió a sentir la brisa del mar”...

“Al otro lado del pueblo, en una llanura cuarteada por la aridez, terminaban las plantaciones”.

O la crudeza y sobrio realismo de frases como:

“La angosta sala de espera era pobre, ordenada y limpia”

“La niña se desabotonó la trabilla del zapato izquierdo, se descalzó el talón y lo apoyó en el contrafuerte. Hizo lo mismo con el derecho”

Personajes

Quedan dibujados de una breve pincelada, quizá de forma más acentuada, la madre a través de su fisonomía:

“La mujer parecía demasiado vieja para ser su madre (de la niña), a causa de las venas azules en los párpados y del cuerpo pequeño, blando y sin formas en un traje cortado como una sotana..”

Y mediante su lenguaje seco, imperativo de “una tenacidad reposada”. Hay que destacar, como en casi toda la obra literaria de G. Márquez, la fortaleza anímica con que dota a muchos de sus personajes femeninos, virtud que aquí, sin duda, resulta el eje principal del relato.

Estructura

Es la clásica: planteamiento (o preámbulo: el viaje, la llegada al pueblo), nudo, entrevista con el cura (la tensión de las dificultades para visitar el cementerio) y desenlace, (la inquebrantable decisión de la madre, que rechaza hasta la sombrilla: “Así vamos bien. Tomó a la niña y salió a la calle)

Ritmo

El ritmo es pausado, pero tenso. En todo el relato existe cierto suspense. Una mujer y la niña, viajando en aquél tren, clamorosamente solas, que comen modestamente en el vagón de lo que llevan preparado y que cuidan un ramo de flores envuelto en papel de periódico. La tensión, presente en toda la historia, se acrecienta incluso cuando conocemos el destino de las viajeras porque, bien dosificada, se reaviva al hilo de las objeciones y sugerencias del cura que chocan con la indómita decisión y presencia de ánimo de la mujer.

Contenido.- Fondo

Soledad, fatalismo, pobreza. El boxeo que practicaba el muerto para sacar adelante a la familia: tres días en cama después de cada combate. “Se tuvo que sacar todos los dientes”, dijo su hermana. Consejos de la madre: que nunca robara a quien lo necesitara para comer, y él hacía caso.

Mantuvo su compromiso. Era un robo fácil. Una viuda. Resultó que tenía un viejo revólver con el que disparó a ciegas. Fue el miedo de aquella mujer. La mala suerte (de él). La pobreza. Tenía que ser.

jueves, 14 de abril de 2016

geografía - La cuenca del plata

La Cuenca del Plata.

La Cuenca del Plata
 
Desde  un punto de vista hidrográfico una  cuenca es el área que tiene una  salida única para su escorrentía  superficial (UNESCO/OMM, 1992). Se  trata de una región geográfica  conformada alrededor del río, el  emisario, como columna vertebral del  sistema. La cuenca del río de la  Plata se abre en forma de abanico a  partir de la desembocadura  desplegándose dentro de la jurisdicción de  cinco países.  Abarca gran  parte del sur, del sudeste y del centro-oeste  de Brasil; el SO de  Bolivia; gran parte de Uruguay; todo el Paraguay y  casi todo el norte,  la mesopotamia y la pampa húmeda de la Argentina.
Es una de las cuencas más extensas del mundo con una superficie aproximada de 3.100.000 km2,   equivalente al 17 %  de la superficie de América del Sur. Por su   extensión es la segunda después de la amazónica en esta parte del   continente y constituye el área donde se concentra una importante   actividad económica y la mayor densidad de población. 


La mayor parte de esta área de drenaje se encuentra en Brasil, donde alcanza 1.415.000 km2, luego le sigue la Argentina, 920.000 km2, Paraguay, 410.000   km2, Bolivia, 205.000 km2 y Uruguay 150.000 km2. Teniendo  en cuenta que la región tiene  sus coordenadas extremas entre los  paralelos  14° y 38° S y los  meridianos 67° y  43° 30´ O, es fácil  advertir que existe una gran  variación de características y condiciones  físicas y ambientales, además  de los factores culturales, económicos y  sociales en estrecha  interrelación con aquellos. Abarca desde el  altiplano de Bolivia al  Océano Atlántico, y desde la Chapada de Parecís  en el planalto, que la  separa de la hoya amazónica, hasta el  Atlántico.

Relieve


Desde  el punto de vista del relieve  sobresale el claro predominio de las  llanuras. A grandes rasgos, en la  Cuenca del Plata se pueden considerar  dos estructuras dispuestas de  norte a sur: por el este se encuentra el  macizo matogrosense algo  deprimido en su parte NO y al oeste la  llanura pampeano-chaqueña, una  vasta región casi plana. En medio de  ambas, el umbral central, que  incluye el Pantanal. El relieve con  alturas más importantes se encuentra  en los bordes. A lo largo del  borde oriental hay un cinturón orogénico  rico en yacimiento minerales y  en el occidental, las sierras pampeanas y  andinas.

Clima


De  forma muy general se puede decir que las mayores  lluvias coinciden con  las nacientes de los ríos Paraguay,  Paraná y  Uruguay y que el  registro medio anual de las precipitaciones decrecen de  norte a sur y  de este a oeste.
Las  temperaturas están influidas tanto  por la latitud como por el relieve.  Sin entrar en mayor detalle se puede  afirmar que las temperaturas  disminuyen de norte a sur. El trópico de  Capricornio atraviesa la  cuenca desde la ciudad de São Paulo en Brasil  hasta la provincia de  Jujuy en la Argentina, con lo que el 40 %  pertenece al cinturón  tropical. En la mayor parte de la cuenca las  temperaturas anuales  suelen ser de más de 20 ° C.

Suelos


Desde  el punto de vista edáfico, la  Cuenca del Plata concentra la mayor  parte de los suelos con mejor  capacidad de producción en América del  Sur. No sólo en cuanto a la  extensión actualmente en uso, sino porque  muchas áreas se pueden  incorporar o aumentar en su rendimiento  agrícola-ganadero con el empleo  de técnicas de manejo adecuadas.


Recursos naturales


La  vegetación ha constituido la base económica para  el desarrollo de la  región. Las grandes extensiones de pastos naturales  fueron la base de  la ganadería en la Argentina y Uruguay.
Hoy  en día la producción agropecuaria y la industria  que genera continua  siendo en gran medida la base de la economía. Esto  se advierte en el  impacto que tienen en el comercio mundial algunos de  los principales  productos de la región, como el café, la carne y los  cereales y en el  papel que este tipo de productos juega en la balanza de  pagos de los  países.
La extensión dedicada a estos  cultivos representa una  parte pequeña del total del área de la cuenca,  aunque hay una marcada  tendencia a la extensión de la zona de cultivos,  con la incorporación de  áreas de borde mediante el uso de modernas  técnicas de manejo agrícola,  tal es el caso del cerrado en Brasil y de  las zonas semiáridas en la  Argentina.
Los  recursos forestales son importantes  en el área que comprende el sur de  Brasil, el este del Paraguay y el NE  de la Argentina, donde no sólo  son más ricos sino también más  explotados. Hay, además, grandes áreas  en Paraguay, el oriente de  Bolivia y el oeste de Brasil donde la  magnitud de las posibilidades de  aprovechamiento todavía no está bien  determinada. La presión de la  búsqueda de nuevas tierras para la  agricultura, la demanda de ciertos  tipos de madera, las prácticas de  desmonte y quema de la vegetación han  sido causa de un agudo problema  de deforestación. Todos los países de la  cuenca han hecho estudios en  plantaciones forestales y han encarado  programas de reforestación.
La  producción  mineral ocupa un lugar  importante entre las actividades  económicas de los países de la región,  aunque no es un área altamente  productora de minerales. Bolivia, si bien  tiene dentro de la cuenca  poca extensión de territorio, tiene depósitos  de hierro y manganeso muy  cerca de Puerto Suárez. En los bordes de la  franja andina existen  reservas importantes de gas y petróleo.  Bolivia y  la Argentina  producen la mayor cantidad de petróleo de la región.
En  las serranías costeras de Brasil  abundan el hierro y el carbón y, si  bien algunas de las zonas más  importantes quedan fuera de sus límites,  de todos modos se produce una  gran cantidad de minerales.Los minerales  proporcionan una importante  cantidad de materia prima para la industria  local.
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LA HIDROVÍA AVANZA CON FUERZA



 Ver el siguiente link: 

http://www.ceibal.edu.uy/userfiles/P0001/ObjetoAprendizaje/HTML/Caminos%20en%20el%20agua_EValejo_S.elp/index.html


 “El Pais” Lunes 26.01.2009, 18:10 hs l Montevideo, Uruguay
Horacio López. Hace 20 años transportábamos 500 mil toneladas y hoy se mueven 14 millones
Emilio Cazalá


A pesar de las puntuales obras que los gobiernos han incorporado al sistema Hidrovía Paraguay-Paraná (HPP), el armador argentino sostiene que es la propia fuerza del transporte fluvial y el desafío empresarial privado que los han hecho avanzar.
"En la Hidrovía Paraguay-Paraná ya funcionan más de dos mil barcazas y 100 remolcadores de empuje de gran potencia, mientras continúa creciendo el volumen de cargas y esto significa que estamos creciendo". Así lo afirmó el armador argentino Horacio A. López, actual presidente de la  Comisión Permanente de Transporte de la Cuenca del Plata, en una entrevista exclusiva para El País previo a su disertación en el Foro Symbarge 08.
"El principal rubro de cargas que se maneja en la  Hidrovía, expresó, son los granos, luego minerales y le siguen los combustibles, este último un movimiento hacia el norte. Este esperado crecimiento de cargas -agrega nuestro entrevistado- ha disparado la inversión en el bajo Paraná en más de dos mil millones de dólares y el mismo efecto se ha producido también del lado uruguayo, ya que tenemos a Nueva Palmira como un gran puerto de transbordos que muestra un fecundo y constante crecimiento".
BARCAZAS. Detalló López que hay diversos tipos de barcazas que navegan por el sistema: las hay para transportar granos, minerales, combustibles, cargas secas, líquidas, cargas sólidas de tipo delicado con diferentes capacidades. También entre carga y carga se hace limpieza de bodegas y/o se ve la adaptación del fondo de la barcaza para determinada mercadería. Cada empresario construye las barcazas según las técnicas aceptadas, pero de acuerdo con las necesidades de la carga y ésta es la que manda. Cuando se transportan químicos son barcazas chicas y cuando son combustibles son mucho más grandes porque la mercadería o la carga así lo exige. Respondiendo a la idea de unificar medidas de las barcazas y tonelajes, Horacio López dijo que sería lo ideal porque la forma del convoy tal como se arma, constituye una unidad muy firme con líneas de agua parejas en proa y en popa. "De manera que vemos positivamente barcazas de similar forma y calado para no entorpecer la navegación y su velocidad o pérdida de rendimiento del remolcador. Y eso permite además que el convoy pueda ser transportado por cualquier otro remolcador como alternativa.
Sobre los "transit time" de los trenes de barcazas, Horacio López admitió que muy al principio hubo un avance, pero éste se ha quedado en el tiempo porque el río sigue igual, hay crecientes y bajantes y no estamos en condiciones de regularlas, mayormente porque no se han hecho obras que puedan cambiar las cosas. Tampoco tenemos el caudal mínimo para poder navegar todo el año.
DRAGADOS. Sobre los dragados necesarios en la  Hidrovía, Horacio López dijo que es un tema muy sensible en el que deben ponerse de acuerdo los cinco países y no parece fácil. Hay que buscar algún sistema, si es por concesión de obra, por peaje, por servicio público; o sea que los Estados hacen las obras en cada una de sus jurisdicciones donde ejercen soberanía y ver la posibilidad de aplicar peajes en función de la carga que embarcan o en función de la zona navegada; son ideas en las que hay que ponerse de acuerdo para aplicar una cuota de participación y solventar los gastos que deriven de tales obras de dragado y balizamiento. Sobre este tema añadió que hoy "tenemos tres asuntos en la Hidrovía que son prioritarios: dragado, balizamiento y capacitacion de los personales de barcazas y remolcadores".
MARINOS. Tenemos falta de personal y falta de especialización. Ahora son muy buenos los salarios, la preparación profesional de oficiales y marinos fluviales se ha extendido a dos años y medio y nosotros los armadores estamos tratando de despertar vocaciones concediendo becas, estamos procurando por estimular el estudio, haciendo viajes de promoción. Así como hemos mejorado las embarcaciones, tratamos igualmente de dotar a las tripulaciones de más facilidades para que la vida a bordo sea más confortable. Pero nos falta personal.
El tonelaje que se transporta por la Hidrovía -dice López más adelante- es alrededor de los 12 millones de toneladas, aunque el año pasado se llegó a los 14 milllones.
Pero ahora tenemos tres nuevos actores que sin duda modificarán sustancialmente estas cifras: Siderar, empresa siderúrgica argentina establecida en San Nicolás, obviamente gran consumidor de minerales, y para el exterior tenemos Río Tinto una enorme empresa que incluso está ensayando nuevas metodologías de transporte por la Hidrovía con un formidable equipamiento electrónico; luego tenemos Valle do Rio Doce y ahora la empresa Jindal de la India que está instalada en Bolivia. Es claro, tampoco perdemos de vista los tiempos críticos que estamos viviendo hoy que pueden traer cambios.
POLO PROGRESISTA. La Hidrovía como principio de transporte hay que verlo como un importante polo de desarrollo que trae aparejado la participación de la sociedad, de la industria local toda, la producción de componentes, financiación, ampliación de puertos, logística, multimodalismo, cultura y caminos de integración.
CANAL TAMENGO. Preguntado sobre el canal Tamengo, López dijo que presenta varios problemas. Los últimos estudios dicen que es piso basáltico, con lo cual resulta muy costoso de dragar. Luego, a la entrada del Tamengo tenemos la famosa toma de agua de la ciudad de Corumba y además una piedra enorme en la boca que obstruye la navegación. Pero en función de las cargas actuales no es necesario que entre todo el convoy, sino fraccionarlo de a cuatro barcazas porque son apenas tres kilómetros; pero son problemas específicos que tendrán que solucionarse en algún momento y esto se hace con obras.
PUERTO BUSCH. En cuanto a la salida por puerto Busch, un viejo proyecto boliviano, creo que está incluido en un acuerdo de alto valor con la empresa India Jindal, de explotación del yacimiento El Mutum. La idea es agregar valor a este enorme proyecto que incluye amplia superficie, puertos, facilidades, electricidad y gas y Bolivia lo tiene.
En cuanto a la infraestructura portuaria en la  HPP y su crecimiento, destacó que la que más se usa es al sur de San Martín hasta Campana donde prácticamente es un litoral industrial sembrado de puertos privados y terminales de aceite de soja. Al norte de San Martín, salvo alguna obra puntual, todo está como entonces.
INDUSTRIA NAVAL. Luego, nuestro entrevistado se refirió a la construcción naval regional como muy activa. En Paraguay hay dos astilleros que están trabajando muy bien, uno construye en forma tradicional, poniendo la quilla en la grada y la otra junta las partes construidas separadamente; Argentina esta muy dinámica y Uruguay acaba de construir 4 barcazas".


LA HIDROVÍA PARANÁ-PARAGUAY: UN PROYECTO DE ALTERACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS NATURALES A GRAN ESCALA CON IMPREVISIBLES CONSECUENCIAS. Dr. Guillermo Chalar Marquisá




La región involucrada
La cuenca del Río de la Plata se configura como internacional que involucra a Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Posee una superficie de 3,1 millones de km2, una población de 120 millones de personas y es considerada como la región más industrializada de América Latina. Sus principales tributarios son los Ríos Paraná, Paraguay y Uruguay. Estos ríos son vías fluviales naturales de excelentes condiciones para la navegación e históricamente, han servido para el transporte de mercaderías dentro y fuera de la región. En la actualidad es posible navegar unos 2000 Km. por el Río Paraná (desde San Pablo hasta Ciudad del Este), unos 1300 Km. por el Río Paraguay (desde el Río Apa hasta Cáceres) y unos 500 Km. por el Río Uruguay (desde el Río de la Plata hasta la ciudad de Salto).
¿Que es la Hidrovía?  
El Proyecto de Hidrovía Paraguay-Paraná-Río de La Plata, es una mega obra de ingeniería para aumentar la capacidad de tráfico de productos, principalmente agrícolas (soja), minerales (hierro y manganeso) y combustibles, viabilizando el transporte de grandes cargas a través del sistema fluvial Paraguay-Paraná-Uruguay-Río de la Plata. Dicho sistema, abarca unos 3.440 km. continuos, entre el Puerto Cáceres en el extremo Norte (Brasil) y el Puerto de Nueva Palmira en el extremo Sur (Uruguay). El proyecto de la Hidrovía, estimado en 1 billón de dólares, debe garantizar la navegación diurna y nocturna y durante todo el año de "convoys", formados por varias balsas de carga y un empujador. Estos convoys pueden ser organizados con diferentes dimensiones pero se prevé que la Hidrovía, permita la circulación de estructuras que puedan alcanzar hasta 200 m de largo, 16 m de ancho y 3.5 m de calado (figura 2). 
Funcionamiento Natural de los Ríos  
Evidentemente las condiciones naturales de los ríos no permiten la navegación de elementos tan grandes en toda su extensión y menos aún aquellos ubicados en regiones de llanuras como los involucrados en el proyecto de la Hidrovía. La dinámica propia de los ecosistemas fluviales, tiende a formar cauces sinuosos y meándricos, con regiones profundas y de aguas más lentas que se alternan longitudinalmente con zonas más someras y de aguas rápidas. Este tipo de autorganización de los ríos permite disipar la energía hidráulica en forma muy eficiente, disminuyendo la erosión de las márgenes. Otro aspecto importante es la relación del cauce principal con su planicie de inundación. De acuerdo al régimen de precipitación de las subcuencas, existen pulsos anuales en los que el río se desborda e inunda vastas áreas de las márgenes. En ambientes naturales las comunidades vegetales y animales que habitan esta región, están adaptadas y dependen de estos pulsos para completar sus ciclos de vida. Estos aspectos relevantes para el mantenimiento del equilibrio ecolólgico de los ecosistemas fluviales, se encuentran magnificados por la presencia del Pantanal en las nacientes del Río Paraguay.
La Región del Pantanal  
El Pantanal ubicado en el centro de América del Sur, es el bañado continuo más grande del mundo (figura 1). Geomorfológicamente puede definirse como una enorme depresión aluvial de 140 000 km2, formada por un mosaico de praderas periódicamente inundadas, ríos y meandros bordeados por densa vegetación riparia, lagunas y vegetación de cerrado (floresta seca). En este ambiente, la vida vegetal y animal está íntimamente ligada a las fluctuaciones del nivel de agua, que en la estación de lluvias pueden alcanzar 5 metros sobre el nivel de la estación seca. El ciclo hidrológico y la gran diversidad de tipos de hábitats, determinan una alta productividad y diversidad biológica, dentro de la cual se encuentran varias de las especies amenazadas de extinción. Dentro de la diversidad faunística, podemos mencionar el registro de más de 630 de especies de aves, la presencia yacarés, osos hormigueros, carpinchos, varias especies de monos, jaguares, gatos de monte, 20 especies de murciélagos y más de 400 especies de peces. La presencia del hombre en la región data de miles de años y aún hoy es la residencia de varios grupos indígenas entre los que se encuentran, los Ofaie-Xavantes y los Xeta, declarados casi en extinción. Actualmente el 98% de la tierra del Pantanal está en manos de privados, los que desarrollan diversas actividades económicas como, cría de ganado, minería, agricultura y caza y pesca muchas veces realizada en forma ilegal.
Impacto Ambiental de las obras para la Hidrovía  
Para garantizar los objetivos de navegación antes mencionados, es necesario realizar grandes obras de ingeniería en los ecosistemas fluviales, entre las que se incluyen, enderezamiento y ensanchamiento de los cauces, corte de meandros, dragado permanente de los mismos, dinamitar afloramientos rocosos que impiden el pasaje durante la estación seca y construcción de puertos y obras de infraestructura en las riveras. A pesar de que estas obras pueden considerarse como de grandes dimensiones, las consultorías técnicas realizadas a solicitud de la Comisión Intergubernamental de la Hidrovía (CIH), señalan que el proyecto es viable económicamente y que el costo ambiental sería mínimo. Sin embargo, diversos estudios realizados por grupos independientes señalan que la Hidrovía es demasiado cara, económicamente frágil y potencialmente una debacle ambiental. De acuerdo a algunos estudios hidrológicos, el dragado y enderezamiento de diversos tramos del canal de los ríos Paraguay y Paraná, aumentaría la velocidad de escurrimiento del agua vaciando un tercio del agua del Pantanal (15 billones de metros cúbicos). Los bañados en general, pero aun más el Pantanal por su dimensión, actúan como esponjas, absorbiendo agua en la estación de lluvias y liberándola lentamente el resto del año. Para ello es fundamental la muralla natural de rocas ubicada en la base del Pantanal, que actúa como válvula reguladora del flujo de agua. Al dinamitar esta formación rocosa aumentaría aún más el vaciamiento del Pantanal, secándose grandes extensiones aún en la época de lluvias. Según algunos estudios, si el Río Paraguay bajara su nivel tan solo 25 cm, lo cual es bastante realista según las obras proyectadas, el área inundable del Pantanal se reduciría un 22% durante la estación de seca. Las consecuencias de esto serían desastrosas para toda la fauna y flora autóctona pero también para las actuales actividades de cría de ganado y agricultura al reducirse considerablemente los suelos productivos. Aguas abajo (en Paraguay, Argentina y Uruguay), las crecientes serían mucho más rápidas y grandes provocando serias inundaciones y desalojos masivos, mientras que las sequías serían más intensas y persistentes.
Las lecciones del pasado  
Es realmente una ironía, que al mismo tiempo que, nuestros países se endeudan con bancos mundiales para realizar el corte de meandros, la canalización de los ríos, la construcción de represas; en el Norte, se estén gastando varios millones de dólares para intentar volver a las condiciones previas a la canalización, dinamitando represas, reconstruyendo meandros de los ríos y recuperando los bañados. Este es el caso de los sistemas fluviales Missouri-Mississippi y Everglades-Kissimmee en EEUU y el Rhine y el Danube en Europa, entre otros. Tal vez nosotros aun estemos a tiempo de repensar la forma en que nos relacionamos con la naturaleza y de incidir en la toma de decisiones que a la postre han afectar nuestro estilo y calidad de vida.
















Imagen Satelital del Estuario del Plata (Río de la Plata)

(tiene que hacer clic en la imagen para agrandar)





Vista del puerto de Montevideo en la actualidad


domingo, 10 de abril de 2016

Horacio Quiroga "A la deriva" breve análisis literario

Quiroga - Análisis de "A la deriva"

Análisis de “A la deriva” – Quiroga


El tema central de este cuento es la lucha del hombre por sobrevivir, la agonía. Esta palabra proviene de la griega “agón” que significa lucha. Esta lucha desesperada por ganarle a la muerte unos instantes más de vida, por no entregarse aunque todas las circunstancias estén así dadas. La naturaleza, marco de este cuento, no será otra que el verdugo y la tumba de un hombre, que nada puede hacer en su soledad contra la muerte. La naturaleza será su discreto enterrador.
El título “A la deriva” nos muestra esta soledad de ese hombre indefenso, sin un rumbo cierto, entregado a las circunstancias fortuitas que le toque vivir. El hombre del cuento, Paulino, estará a la deriva, no sólo en su muerte, sino también en su vida, ya que antes de que la víbora lo pique, podría decirse que está muerto en vida. Nada lo sostenía vivo. Su relación con su mujer y con el compadre Alves no existe, y debe recurrir a un pasado muy lejano para tratar de aferrarse a la vida que se va. El personaje se encuentra muerto socialmente y quizás hasta muy profundamente en su interior antes de morir físicamente. Este es una impronta común en los textos de Quiroga. En muchos cuentos sus personajes están muertos antes de que la muerte física llegue, basta recordar “El almohadón de plumas”.
Podríamos encontrar en el cuento tres grandes partes.
La primera: la mordedura y los efectos del veneno.
La segunda: su intento por sobrevivir en el ámbito social – su relación con su mujer y el compadre Alves.
La tercera: su agonía. La naturaleza y su intento por luchar contra la muerte a través del recuerdo.
Primera parte
El texto comienza con una repetición al comienzo de cada párrafo: “El hombre”. Si esto fuera una poesía podríamos decir que es una anáfora (repetición al principio de cada verso); pero no lo es.
 Esta repetición deja entrever la fragilidad de lo humano. El hombre ante las circunstancias es frágil, su mundo puede destruirse en un instante, y muy lejos queda la idea de inmortalidad con la que vive siempre. Está indefenso y es sólo un hombre, como podría ser cualquiera de nosotros.
Quiroga manifestaba en su “Decálogo del perfecto cuentista” que tan importante son las tres primeras líneas de un cuento, como las tres últimas. Desde el principio el final está descubierto, porque lo que importa no es el final sino el trayecto que el personaje sigue. Así que desde el momento que el narrador dice “El hombre pisó algo blanduzco” el final es obvio, no existe otra posibilidad que la muerte, aunque durante todo el cuento el lector esté esperando que eso no suceda y que logre llegar a Tacurú Pucú y conseguir ayuda. Todo se precipita desde el principio, “lo blanduzco”, lo extraño, y la mordedura. No hay tiempo de evitar nada. Nada se sabe de este hombre en el principio. Se lo presenta en la acción que ya es trágica. Nos vamos a ir enterando de su vida y su forma de ser a medida que transcurre el cuento, algo que normalmente sucede al revés, primero se presenta al personaje y luego la acción. El cuento juega con la línea temporal, el narrador y el personaje irán hacia atrás, mientras el tiempo de la muerte avanza, como si quisiera escapar de las circunstancias, antes de que la muerte lo sorprenda.
El narrador, externo a las circunstancias de Paulino, contará la historia desde el punto de vista de éste, hasta llegar a meterse dentro de sus pensamientos y de sus delirios, lo que creará en el lector una sensación de inseguridad, la misma que sufre el personaje. Aunque por momentos nos da algunos anticipos del final, lo que nos hace ver que es un narrador omnisciente (sabe todo lo que sucede y lo que piensan los personajes), aunque nunca nos dice que piensa Dorotea o Alves, sabemos que los anticipos tales como “encajonan fúnebremente el río”, nos permite asegurar que ya conoce el desenlace que Paulino ignora.
Constata la presencia de su enemigo, la yararacusú, que no es otra que su verdugo que está pronto a contraatacar, aunque no hace otra cosa que también defenderse de la pisada de Paulino y de su próxima muerte, como también lo hará el protagonista.
Descubre la mordedura que comienza viendo que “dos gotitas de sangre engrosaban” y actuando por instinto de defensa mata a la víbora. El diminutivo “gotitas” refuerza la idea de indefensión: por esas dos gotitas entrará el veneno que acabe con su vida, por lo tanto no son algo que menospreciar. Por las “gotitas”, algo insignificante, su pierna se irá pudriendo y lo más preciado se irá acabando.
Estas “gotitas” serán retiradas para mostrar los “dos puntitos violetas”. Otra vez el uso del diminutivo deja a Paulino y al lector ante la sorpresa, cómo algo tan pequeño puede hacer tanto daño, y aún, cuánto daño puede hacer. Paulino lo sabe, pero una cosa es saberlo racionalmente y otra es vivirlo. El veneno no espera e invade todo el pie, y la acción de Paulino es una solución precaria. Su salvación no está eso sino en la ayuda social que pueda conseguir, y el lugar que logre alcanzar antes de la muerte.
Las grafopeyas de la herida van creciendo. De aquellos “dos puntitos” se pasa a una sensación de “tirante abultamiento” y al dolor físico que se materializa con una comparación “dos o tres fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado”. Esta materialización del dolor hace pensar en lo sorpresivo, lo inesperado, lo rápido que resulta ese dolor que pretende inmovilizar al personaje sin lograrlo. La materialización del dolor ahora pasa a una materialización de la sed, algo que se siente, pero aquí se asocia al metal por lo frío (“una metálica sequedad de garganta”) y también caliente (“sed quemante”), lo que proporciona una antítesis. En esta contradicción vivirá Paulino sus últimas horas.
La última etapa de estos “puntitos violetas” es la hinchazón del pie. Parecía que la pierna fuera a explotar por lo tensa y delgada que estaba la piel. Todo el panorama se vuelve monstruoso, y no hay más remedio que buscar ayuda, con las últimas fuerzas que le quedan. Piensa en su mujer, y es aquí que comenzamos a ver que su muerte era una consecuencia inevitable de su vida. Aunque el hecho que la haya provocado hubiera sido fortuito.
Segunda parte
Busca a su mujer y el narrador intenta comprometernos afectivamente con la situación jugando con los sonidos de tal manera que la sed también la sintamos nosotros “la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca”. La aliteración (repetición) de la “r” nos reseca nuestra propia garganta y la situación se pone tensa también para nosotros que estamos a punto de descubrir que no existe una relación con la mujer con la convive.
La animación de la sed “la sed lo devoraba” nos hace pensar en que los síntomas del veneno están tomando la vida. El veneno, símbolo de la muerte, adquiere la vida que Paulino pierde.
El diálogo con Dorotea revela la relación entre ellos. Este diálogo recién nos da a conocer el nombre de los personajes, algo que hasta el momento ha sido oculto al lector. Los nombres singularizan, le dan una identidad que había sido negada. No es cualquier hombre el que muere. Es un hombre que trata a su mujer no como tal, sino como una sirvienta. No confía en ella para conseguir ayuda, no espera de ella una ayuda real. Pide caña, pero no le dice nunca lo que realmente le sucede ni por qué la pide. Esto nos muestra que no confía en ella para poder ayudarlo, tal vez para llevarlo a Tacurú Pucú. Dorotea es una mujer, obedece. La relación entre ellos está marcada por la incomunicación en la pareja, otro de los temas más queridos en la narrativa de Quiroga.
La voz de Paulino “ruge” como la de un animal en agonía, pero tal vez como siempre lo ha hecho con ella, ya que a ella no le asombra. Rápidamente cumple con su deseo de traerle caña que él no siente como tal. Paulino necesita ver la damajuana para creerle a su mujer y aceptar su situación, “bueno, esto se pone feo”. El veneno ha llegado a alterar sus sentidos, aquello que nos conecta con la vida. Así que aquellos puntitos pasaron al dolor, y ahora a los sentidos que se confunden. A partir de este momento lo que pase en el cuento se envolverá en una ola de confusión y delirio.
Una nueva comparación (“la carne desbordaba como una monstruosa morcilla”) nos presenta la situación cada vez más apremiante. Ahora la imagen es “monstruosa”, y hasta abyecta si la asociamos a la pierna de un hombre. Paulino ha querido negar su situación, pero esto se hace cada vez más difícil con una imagen así, luego de haber descubierto que ya no siente el sabor de una bebida tan fuerte como la caña.
Todos los síntomas del hombre a causa del veneno se agudizan, lo quiebran. Ya no son puntadas como relámpagos, sino “continuos relampagueos” de dolor, como si la tormenta de la muerte se avecinara a pasos agigantados. Estos dolores suben por el cuerpo, ya no son en el tobillo, ahora son en la “ingle”. Lo mismo pasa con la sed, ahora es “atroz sequedad”, y el calor aumenta también. Esto termina dándole al hombre una señal de su situación, ya no puede seguir en pié, vomita apoyado a la rueda cuando intenta incorporarse. No hay posibilidad de seguir adelante, sin embargo Paulino “pretendió incorporarse”. La lucha comienza cuando el personaje se da cuenta, cuando hace su “anagnórisis”, ahora sólo queda pelear físicamente, y si no se puede así, lo hará mentalmente.
Esta lucha queda clara en la siguiente expresión, inmediata a la constatación de la decadencia física: “Pero el hombre no quería morir”. La conjunción adversativa vuelve a negar todos los síntomas físicos. No importa cuanto el veneno quiebre el cuerpo, el hombre seguirá peleando. Esta expresión es la constatación del tema del cuento y su conflicto. No habría tal si el hombre se entregara a los primeros síntomas, no lo hace y por lo tanto el clima del cuento empieza a tensionarse a un nivel diferente. Ahora es el hombre luchando contra la muerte que sabe que es su inevitable final.
Recobra fuerzas de esa decisión y consigue subir a la canoa, pensando en una nueva alternativa, llegar a Tacurú Pucú, el lugar que simboliza la posibilidad de salvación. El poblado donde podrían socorrerlo. Ahora tenemos una nueva pista de este hombre, vive lejos de un centro poblado, tal vez una elección hecha hace mucho tiempo, lo que nos muestra el aislamiento en que se encuentra. El personaje ha elegido separarse del mundo social, alejarse de todo, por lo tanto a decidido darle la espalda al mundo, y aunque no sabemos la razón, podemos intuir que es una nueva forma de muerte. Nada de lo humano le interesa, hay algo dentro de él que estaba ya muerto. Y ahora quiere recuperarlo sólo porque se encuentra frente a la muerte, como la única posibilidad de vida. Lo social es su posibilidad de sobrevivir, y esto pertenece a un pasado. Es como si el personaje buscara recuperarlo para así recuperar su vida.
“El hombre con sombría energía”. Esta expresión nos muestra un anticipo de la muerte. La palabra “sombría” refiere a lo negativo, a la lucha triste, angustiante que vive el hombre que trata de incorporarse a pesar de sus dolencias físicas, pero estas le recuerdan su condición de hombre frágil, un nuevo vómito, pero esta vez de sangre son la señal de una lucha perdida de antemano. Paulino mira el sol y descubre que el día se está acabando, igual que su vida. Este recurso literario llamado paralelismo psicocósmico muestra la identificación del día con la vida. La vida se acaba, el día muere. Pero con una diferencia sustancial. El día volverá a nacer, el sol volverá a salir, el hombre no volverá a vivir. Así la naturaleza termina siendo infinitamente superior a la vida del hombre. La naturaleza empieza a ser un personaje más en este cuento. Acompañará al hombre solitario y será el único testigo de esta lucha.
La pierna ahora está deforme y el veneno, implacable como la muerte, sube sin dar tregua haciéndole pensar la necesidad de pedir ayuda para llegar a Tacurú Pucú. La expresión “grandes manchas lívidas” anuncian la muerte asociándolo con el color blanco. Nada es más blanco (“lívido”) que la muerte, porque el blanco es la ausencia de color, y por lo tanto de vida.
Pedir ayuda al compadre Alves es la posibilidad que se le ocurre. Un nuevo intento de recuperar su vida, ya que con este vecino está disgustado. El único contacto humano después de su esposa también está “muerto”. No ha logrado ni siquiera una comunicación con su vecino. Una nueva pista de la vida de este hombre.
Alves vive en la costa brasileña, al otro lado del río y aún así está disgustado con Paulino. No llega por sus propios medios, llega porque el río se lo permite. Está a la deriva, aunque aún no lo sabe y sigue luchando.
Le grita, pero Alves no contesta a la súplica de Paulino. Como habíamos visto, todo es confuso, el narrador siempre toma el punto de vista del protagonista, y los sentidos de este último están trastocados, por lo tanto nunca tendremos certeza si realmente gritó o creyó gritar. Tampoco sabremos si Alves escuchó o no, si estaba o no, si lo deja morir tal vez por un rencor profundo. Lo cierto es que no hay respuesta ante una súplica angustiante que hace Paulino y que nos muestra que sabe que el resentimiento puede ser grande.
La respuesta es “el silencio de la selva” que vuelve a ser un anuncio del final, el silencio de la muerte. La selva parece recordarle que no hay nada, que ha perdido todo, ayuda a la “anagnórisis” de Paulino.
No hay más remedio que seguir luchando. Vuelve a su canoa y por primera vez aparece en el texto la referencia al título: la corriente “la llevó velozmente a la deriva”. Su vida ahora depende de ese río y de la naturaleza. El final está dicho de antemano aunque el lector quisiera no creerlo, igual que el protagonista.
Tercera parte
La naturaleza empieza a tomar un papel fundamental en el cuento. El paralelismo psicocósmico se acentúa. Las anticipaciones aumentan como una certeza inevitable “cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el río”. La metáfora “encajonan fúnebremente” muestran a una naturaleza que se prepara para ser el cajón de Paulino. Todo el paisaje se tiñe de negro “desde las orillas bordeabas de negros bloque de basalto, asciende el bosque, negro también”. El negro símbolo occidental de la muerte, de la oscuridad, de lo malo. Lo mismo pasa con la metáfora “la eterna muralla lúgubre”, adjetivo asociado inevitablemente a la muerte. El narrador remata su topopeya diciendo “el paisaje es agresivo, y reina en él un silencio de muerte”. La naturaleza acompaña pero también condena y manda. No importa la lucha del hombre cuando lo obvio está presente.
Esa misma naturaleza le regala a Paulino una imagen de “belleza sombría”, un oxímoron del atardecer. La naturaleza que refleja la muerte es bella, por su atardecer, pero también sombría por la vida que se pierde. La majestuosidad del paisaje crece y empequeñece a ese hombre solo con su lucha.
El paisaje, a través de un paralelismo psicocósmico, acompañará al hombre hacia su muerte “el había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa, tuvo un violento escalofrío”. Todo confluye en lo mismo, el sol cae y el hombre también. El escalofrío es un nuevo anuncio de la muerte. Pero todo esto contrasta con el asombro de sentirse mejor. Todos los síntomas físicos: dolor sed empiezan a ceder, y empieza a sentir un nuevo aire que le abre el pecho. Es la mejoría de la muerte. Una especie de guiñada irónica que nos hace la muerte a los hombres que están agonizando. Casi todos tenemos alguna anécdota de algún familiar o conocido que en su agonía, antes de morir, parece mejorarse para morir un día después, o unas horas después. En esa lucha por la vida, por un momento parece que el que agoniza fuera a poder contra lo imposible.
El narrador aprovecha esta sensación de mejoría y se introduce más en el punto de vista del personaje, manteniendo al lector en la confusión feliz de que sea posible que el veneno se vaya y el enfermo se recupere casi por arte de magia, aunque queden señales físicas aún (“no tenía fuerzas para mover la mano”).
Comienza el delirio y la esperanza que no parece perder nunca. Paulino empieza a “calcular” la posibilidad de llegar a Tacurú Pucú, yendo a la deriva y contando con el favor de una naturaleza que sólo le regalará el paisaje de un atardecer.
A medida que empieza a sentirse bien, el hombre se aferra a los recuerdos, como forma de recuperar su vida, su pasado, en un clima onírico (de sueño). El dolor físico deja paso a este aspecto que nos dará una idea de su vida anterior, sin que sepamos cuál es ese motivo por el que se aisló del mundo. Lo onírico se mezcla con una vida social que alguna vez tuvo, el compadre Gaona, su ex patrón mister Dougald. Había trabajado en un obraje. Ahora era un marginal del mundo.
El paisaje le regala colores hermosos y esperanzadores, el cielo “se habría ahora en pantalla de oro”, una metáfora de la vida de un hombre que pasa como en una pantalla dorada, en el momento que él recuerda su mejor momento de la vida. Lo mismo hace el monte que le da al río una “frescura crepuscular”, que sin duda Paulino mira como algo positivo, pero que podría verse como la cercanía de la muerte. Todo se llena de sensaciones visuales (los colores), olfativas (“efluvios de azahar y miel silvestre”) y hasta auditivas (la pareja de guacamayos en silencio hacia Paraguay). El hombre ve la vida que se aleja, pero no lo interpreta así. Está en medio de tres países Argentina, Brasil y Paraguay, está en medio de la nada, a merced de los deseos de ese río que lo llevará a ninguna parte.
El río hace girar la canoa, sin hacerla avanzar, y ese mareo le permite al hombre sentirse cómodo con su actividad mental, “cada vez mejor”, él también está revolviendo, dando vueltas sobre su vida, su existencia. La naturaleza lo acompaña, a pesar de que fue agresivo el paisaje en algún momento para mostrarle su fin, ahora, en su delirio, es un paisaje que le ofrece compañía y hasta consideración. Le regala lo mejor que tiene.
En la desesperación de recuperación de su pasado, empieza un obsesión por recuperar el tiempo exacto de las cosas, algo que tal vez sea banal, pero imprescindible para que la muerte no lo lleve sin seguir luchando, con lo único que es posible hacerlo en estos momentos: sus recuerdos precisos. Cada vez va buscando la perfección, la exactitud, “tres años” no es exactamente preciso, “dos años y nueve meses”, tal vez, pero no es suficiente, y así va buscando la respuesta que le satisfaga.
Esto se va intercalando con la cruda realidad “sintió que estaba helado hasta el pecho”, la muerte se acerca y por más precisión que busque nada podrá hacer frente a la realidad.
Pero el hombre no deja de luchar, y ahora una nueva idea de precisión sobre el tiempo se posa en su cabeza: cuándo conoció a Lorenzo Cubilla, un viernes santo o un jueves. Esta referencia podría llevarnos a pensar en el simbolismo de estos dos días. El viernes santo es cuando Cristo muere, y el jueves cuando sufre toda su agonía. El hombre elige el jueves, porque tal vez en ese día Cristo aún no estaba muerto, como si su lucha personal, la de Paulino fuera hasta el último instante. Confirma que lo conoció un jueves, como si no quisiera darle nunca a la muerte la posibilidad de ganarle la partida.
Pero aún cuando él intenta ganar esta lucha desde el pensamiento, el narrador intercala estos delirios con acciones físicas: “el hombre estiró lentamente los dedos de la mano” como una señal de una vida que se escapa. Tal vez tenía los dedos apretados para que esto no sucediera, como señal de esa lucha hasta último momento. Y una vez que logra la precisión del tiempo, el narrador termina el cuento constatando lo que ya nos había sugerido desde el principio “cesó de respirar”.
La lucha del hombre por mantenerse vivo, aún cuando es segura su muerte, se ve hasta el último instante, como una actitud porfiada por continuar viviendo, con ese deseo infinito de aferrarse a la vida, aún cuando en su vida él haya elegido alejarse del mundo. Un hombre puede vivir toda la vida queriendo morir, pero no va a dejar de luchar cuando la muerte real venga. Nadie se entrega a la muerte con tanta facilidad, ni aún los suicidas.